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¿Cuál es el probiótico más efectivo?

31 de January, 2026Topvitamine
En este artículo exploramos qué hace que un probiótico sea “el más efectivo” y por qué la respuesta depende de tu microbioma, tu dieta y tus síntomas. Explicamos cómo funciona la prueba del microbioma intestinal, qué revela sobre tus bacterias y cómo usar esos datos para elegir un probiotic adecuado. Verás beneficios reales de la personalización, casos de uso (digestión, inmunidad, energía), factores externos que alteran el ecosistema intestinal y avances científicos. Además, te guiamos paso a paso para realizar una prueba en casa o en clínica, interpretar resultados de forma práctica y crear un plan ajustable con probióticos, prebióticos y hábitos. Concluimos con un resumen rápido, preguntas frecuentes y palabras clave esenciales para una búsqueda y comprensión rápidas.

Resumen rápido (Quick Answer Summary)

  • No existe un probiótico universalmente “más efectivo”; su éxito depende de tus objetivos (digestión, inmunidad, ánimo) y de tu microbioma.
  • La prueba del microbioma intestinal identifica desequilibrios (disbiosis), carencias de cepas clave y sobrecrecimientos, permitiendo una suplementación personalizada.
  • Para diarrea asociada a antibióticos, Lactobacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii son de las cepas con mejor evidencia.
  • Para síndrome de intestino irritable (SII), combinaciones multicepa con Lactobacillus y Bifidobacterium muestran beneficios moderados.
  • La efectividad no depende solo de los UFC; la cepa, la dosis, la forma de liberación y la adherencia son decisivas.
  • Prebióticos, dieta rica en fibra y estilo de vida potencian los efectos de un probiótico adecuado.
  • Las pruebas de microbioma de InnerBuddies traducen datos en recomendaciones prácticas y priorizadas por objetivo.
  • Reevalúa cada 8–12 semanas y ajusta: el microbioma es dinámico y responde a tus cambios.

Introducción

El interés por el microbioma intestinal ha disparado la búsqueda del “probiótico perfecto”. Sin embargo, la ciencia muestra que no existe un único ganador universal, sino una fórmula que combina cepas específicas, dosis adecuada, calidad de fabricación y, sobre todo, ajuste al perfil microbiano y al objetivo de salud de cada persona. La prueba del microbioma intestinal se ha vuelto clave porque traduce la compleja ecología de tu intestino en datos prácticos para decidir con precisión. Con ella puedes saber si te conviene priorizar Lactobacillus para reforzar la barrera intestinal, Bifidobacterium para modular irritación y gases o incluso levaduras probióticas que resisten antibióticos. Este artículo te guía por los fundamentos científicos de los probióticos, los beneficios de la personalización, el proceso de las pruebas, los factores que alteran tu ecosistema, cómo crear un plan integral y qué avances están dando forma a la medicina preventiva centrada en el intestino.

1. El papel de los probióticos en la salud intestinal: comprensión de los probióticos y su relación con la prueba de microbioma

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren beneficios a la salud del huésped. Actúan de varias formas: compiten con patógenos por nutrientes y espacio, producen metabolitos como ácidos orgánicos y bacteriocinas, fortalecen la barrera intestinal y modulan el sistema inmunológico innato y adaptativo. No todas las especies ni todas las cepas tienen los mismos efectos; dos productos con “Lactobacillus” pueden comportarse de manera muy distinta si las cepas no son idénticas. Por eso, la etiqueta ideal especifica la cepa (p. ej., Lactobacillus rhamnosus GG, ATCC 53103) y la dosis en UFC (unidades formadoras de colonias) por porción al final de la vida útil. Aquí es donde la prueba del microbioma aporta una ventaja decisiva: en lugar de elegir a ciegas, puedes ver si, por ejemplo, tus Bifidobacterium están en niveles bajos, si hay signos de disbiosis fermentativa (p. ej., exceso de Firmicutes productores de lactato sin suficientes consumidores de butirato) o si conviene priorizar cepas con evidencia para tu síntoma principal (diarrea, estreñimiento, hinchazón, sensibilidad alimentaria). La personalización va más allá del probiótico: un análisis de ADN de heces puede revelar capacidad de producción de butirato del ecosistema, presencia de genes de resistencia, y desequilibrios a nivel de géneros clave (Akkermansia, Faecalibacterium, Roseburia). Con esa base, la recomendación puede priorizar una cepa como Bifidobacterium longum subsp. infantis para modular inflamación y distensión, Lactobacillus plantarum para integridad de la mucosa y tolerancia, o Saccharomyces boulardii para prevenir diarrea por antibióticos. Además, la prueba indica si un probiótico multicepa puede brindar sinergia o si conviene una única cepa con objetivo específico, junto con prebióticos selectivos (p. ej., GOS, inulina, PHGG) que alimenten a las bacterias beneficiosas que te faltan. En resumen, el “probiótico más efectivo” es el que mejor encaja con tus datos microbianos y tu objetivo clínico, corroborado por evidencia de cepa, dosis y duración adecuadas.

2. Beneficios de realizar una prueba de microbioma: mejorando la digestión, fortaleciendo el sistema inmunológico y más

Las pruebas de microbioma intestinal ofrecen una hoja de ruta practica para intervenir con precisión. En digestión, los datos ayudan a diferenciar si la distensión se debe a fermentación excesiva de carbohidratos rápidos, a escasez de consumidores de hidrógeno y metano, o a inflamación de bajo grado por disbiosis; cada escenario se beneficia de combinaciones distintas de probióticos y prebióticos. Por ejemplo, si el análisis sugiere baja abundancia de productores de butirato como Faecalibacterium prausnitzii, un plan que combine fibras fermentables con probióticos que mejoren la integridad epitelial (L. plantarum, B. longum) puede reducir molestias y mejorar la consistencia de las heces. A nivel inmunológico, un microbioma diverso y rico en metabolitos posbióticos como el butirato se asocia con mayor tolerancia oral y menor reactividad; ciertas cepas de Bifidobacterium ayudan a modular citoquinas y reforzar la barrera, lo que puede traducirse en menos infecciones respiratorias comunes y mejor respuesta a vacunas en algunas poblaciones. En energía y estado de ánimo, la interconexión intestino-cerebro implica que la reducción de la inflamación y la mejora de la permeabilidad intestinal pueden disminuir la fatiga posprandial y mejorar la claridad mental; cepas como Bifidobacterium longum 1714 han sido estudiadas en estrés y cognición. Muchos usuarios reportan mejoras al alinear suplementos con sus datos: menos antibióticos por infecciones recurrentes, normalización del tránsito intestinal, menos períodos de hinchazón, y más regularidad en horarios de evacuación. Si bien los testimonios son valiosos, la fuerza de la prueba es que permite medir antes y después, objetivando cambios en diversidad, abundancias clave y marcadores funcionales. Además, facilita conversaciones más productivas con profesionales de la salud, quienes pueden integrar probióticos con estrategias dietéticas (FODMAP flexible, patrón rico en fibra y polifenoles), ejercicio, sueño y manejo del estrés. El beneficio final: convertir conjeturas en un plan progresivo, medible y ajustable, enfocado en resultados que importan en tu día a día.

3. Cómo funciona la prueba de microbioma intestinal: pasos y qué esperar

Las pruebas de microbioma más comunes usan análisis de ADN en muestras de heces, aprovechando tecnologías como secuenciación 16S rRNA para perfilar géneros y, en pruebas más avanzadas, metagenómica shotgun para identificar especies y funciones potenciales (p. ej., rutas de producción de butirato). El proceso típico en casa es simple: recibes un kit con instrucciones, recoges una pequeña porción de heces con un hisopo o espátula, la colocas en un tubo con estabilizador, lo sellas y lo envías al laboratorio. La logística prioriza la integridad del material genético y la confidencialidad de tus datos. En clínica, el procedimiento es similar pero con soporte de personal sanitario, útil si necesitas coordinación con otras pruebas (p. ej., calprotectina fecal, elastasa pancreática). Una vez analizada la muestra, obtienes un informe que incluye: diversidad alfa (riqueza de especies), perfiles relativos de bacterias clave, índices de equilibrio, potencial funcional (cuando aplica) y, crucialmente, recomendaciones prácticas. Las mejores plataformas convierten métricas en acciones: qué cepas de probióticos priorizar, dosis objetivo (p. ej., 5–20 mil millones UFC/día según cepa/objetivo), duración inicial (4–12 semanas), y prebióticos específicos que alimentan a tus “aliados” deficitarios. Te sugerirán también ajustes dietéticos (más legumbres con preparación adecuada, almidón resistente de patata/arroz enfriado, polifenoles de frutos rojos, cacao, aceite de oliva extra virgen) y hábitos (ejercicio regular, sueño consistente). Consejos previos a la toma: evita cambios bruscos en dieta y suplementos 72 horas antes, no realices la prueba durante episodios agudos de gastroenteritis, y anota antibióticos o probióticos recientes (idealmente, espera 2–3 semanas tras antibióticos para una fotografía más estable). Después, espera un informe claro en 2–4 semanas. Con InnerBuddies, el énfasis está en traducir resultados a un plan con prioridad por objetivos (digestión, inmunidad, energía/piel/ánimo), facilitando un seguimiento cada 8–12 semanas para evaluar progreso y decidir si continúas, escalas o cambias cepas.

4. Factores que afectan el microbioma: dieta, estilo de vida y medicación

La composición del microbioma es muy sensible a lo que comes, cómo duermes, tu nivel de estrés, tu entorno, tu actividad física y los fármacos que tomas. Una dieta baja en fibra y alta en ultraprocesados reduce la diversidad microbiana y favorece especies que extraen más energía de pocos sustratos, mientras que un patrón basado en plantas densas en fibra, legumbres, granos integrales y polifenoles aumenta la riqueza y la producción de ácidos grasos de cadena corta como el butirato, clave para la integridad intestinal. Ayunos prolongados, exceso de alcohol y ritmos circadianos irregulares también alteran la microbiota. El estrés crónico eleva la permeabilidad intestinal y modifica el funcionamiento inmunitario, potenciando respuestas inflamatorias; por eso, técnicas de respiración, ejercicios de coherencia cardiaca y sueño reparador pueden potenciar el efecto de un probiótico. En medicación, los antibióticos son el disruptor más conocido: reducen tanto patógenos como comensales, lo que puede predisponer a diarrea y colonización por especies oportunistas. Aquí, Saccharomyces boulardii y Lactobacillus rhamnosus GG tienen evidencia para prevenir diarrea asociada a antibióticos, siempre con supervisión en contextos clínicos complejos. Inhibidores de la bomba de protones, antiinflamatorios no esteroideos, metformina y otros fármacos también modulan la comunidad microbiana. La prueba de microbioma ayuda a separar efectos: si la distensión comenzó tras un antibiótico, puede detectarse reducción de Bifidobacterium y un rebrote de géneros oportunistas, orientando un plan de recuperación con probióticos, prebióticos de introducción gradual y alimentos fermentados tolerados (yogur, kéfir, chucrut escurrido). Si hay estreñimiento crónico, el enfoque puede combinar cepas con potencial procinético leve o modulador (p. ej., B. lactis), fibras bien toleradas como la goma guar parcialmente hidrolizada y hábitos de sincronización intestinal (desayuno, hidratación, paseo matinal). En suma, el entorno y tu estilo de vida tiñen la respuesta a un probiótico; la personalización efectiva integra cepa, sustrato (prebiótico), dieta y hábitos para restaurar equilibrio.

5. Personalización del tratamiento: creando un plan basado en los resultados de la prueba de microbioma

Un plan personalizado comienza definiendo objetivos: ¿reducir hinchazón, normalizar el tránsito, reforzar defensas, mejorar energía o modular la piel o el estado de ánimo? Con resultados en mano, prioriza 1–2 objetivos y asocia intervenciones a métricas específicas. Si el informe muestra baja diversidad y déficit de Bifidobacterium, prioriza un probiótico con B. longum y/o B. bifidum y acompáñalo de prebióticos como GOS e inulina en dosis escalonadas para minimizar gases al inicio. Si hay inflamación leve y permeabilidad aumentada sugerida por composición y síntomas, L. plantarum y L. rhamnosus pueden contribuir a la integridad de la mucosa y a la tolerancia; combina con polifenoles (arándanos, té verde) y grasas saludables (omega-3). En diarrea asociada a antibióticos o infecciones, S. boulardii destaca por su resistencia a antibióticos y por modular toxinas; al finalizar el antibiótico, transiciona a un multicepa con evidencia para restablecer diversidad. Si el reto es el SII, las revisiones sugieren beneficio modesto pero significativo con combinaciones de Lactobacillus y Bifidobacterium, mientras ajustas FODMAP de forma temporal y reintroduces para preservar diversidad. La dosis importa: muchas cepas muestran efectos en rangos de 1–20 mil millones de UFC/día; más no siempre es mejor, y la tolerancia individual manda. La forma también cuenta: cápsulas gastrorresistentes o tecnología de liberación dirigida protegen a las cepas sensibles al ácido. Establece un periodo de prueba de 8–12 semanas con registros de síntomas (frecuencia y consistencia de heces, dolor, hinchazón, energía, sueño), luego reevalúa; si el progreso se estanca, cambia la cepa o ajusta el sustrato prebiótico. Integra nutrientes que alimenten a tu microbiota objetivo: almidón resistente (plátano verde, patata/arroz enfriados), legumbres bien remojadas y cocidas, verduras de raíz, semillas y frutos secos. Considera alimentos fermentados si los toleras. Finalmente, planifica seguimiento: repetir la prueba tras 3–6 meses puede confirmar si la estrategia desplaza el ecosistema hacia un perfil más resiliente y diverso.

6. Estudios y avances recientes en microbioma intestinal: nuevas perspectivas para la medicina preventiva

La investigación del microbioma evoluciona rápidamente y está redefiniendo la medicina preventiva. Metaanálisis y ensayos controlados aleatorizados han reforzado la utilidad de cepas específicas: L. rhamnosus GG y S. boulardii para diarrea asociada a antibióticos; B. longum, B. infantis y L. plantarum para molestias funcionales intestinales; y ciertas combinaciones en SII con mejoría de dolor y distensión. Más allá de probióticos, los prebióticos selectivos, posbióticos (metabolitos o componentes bacterianos inactivados con efecto biológico) y simbióticos (combinar pro y prebióticos) muestran promesas complementarias. Tecnologías ómicas (metagenómica, metatranscriptómica, metabolómica) están pasando del laboratorio a productos aplicables que predicen respuesta a dieta y suplementos. Se están desarrollando cepas de nueva generación como Akkermansia muciniphila pasteurizada y consorcios diseñados que podrían incidir en metabolismo, barrera intestinal y sensibilidad a la glucosa. En salud mental, los llamados “psicobióticos” están bajo evaluación por su potencial para modular estrés y ánimo a través del eje intestino-cerebro. En deportistas, ciertas cepas podrían influir en recuperación y barrera ante estrés físico. El futuro apunta a paneles que, integrando genética del huésped, microbioma, hábitos y síntomas, generen recomendaciones de “dosis-respuesta” personalizadas y ajustadas por contexto (edad, sexo, medicaciones). Aun así, la ciencia mantiene prudencia: efectos suelen ser modestos y dependen de la cepa y del “terreno” intestinal. La medicina preventiva basada en el microbioma se consolida no por prometer milagros, sino por ofrecer estrategias graduales, seguras y sostenibles para desplazar tu ecosistema hacia la resiliencia. Plataformas como InnerBuddies integran estos avances en informes legibles, aprendizaje continuo de resultados reales y recomendaciones iterativas, maximizando la utilidad clínica en la vida cotidiana. Con la estandarización progresiva de metodologías y calidad de ensayos, el puente entre evidencia y práctica seguirá fortaleciéndose.

7. Consideraciones importantes y posibles limitaciones de las pruebas de microbioma

Aunque valiosas, las pruebas de microbioma tienen limitaciones que debes conocer para usarlas con criterio. Una muestra de heces captura un “promedio” de la comunidad luminal y no refleja por completo los microhábitats adheridos a la mucosa, donde ocurre mucha interacción con el sistema inmune. La interpretación depende del método: 16S tiene resolución a nivel de género y pierde detalles de especie/cepa; la metagenómica ofrece más precisión funcional pero es más costosa. Además, el microbioma es dinámico; una sola muestra es una instantánea influida por dieta reciente, estrés y medicación. Por eso, los mejores planes combinan datos con contexto clínico y evolución de síntomas. A nivel de probióticos, la calidad varía: algunas etiquetas no declaran cepas, exageran UFC o no garantizan viabilidad al final de vida útil; busca productos con cepas registradas, controles de calidad y evidencia específica. No todos los casos son apropiados para probióticos sin supervisión: inmunosupresión severa, uso de catéteres venosos centrales, EII en brote grave u hospitalización requieren evaluación médica. Respecto a expectativas, los efectos suelen ser graduales y modestos; si esperas una “cura rápida”, podrías frustrarte. En cambio, si integras probióticos con dieta, sueño y actividad, los beneficios se potencian. Considera que síntomas similares pueden tener causas distintas: dos personas con hinchazón podrían requerir estrategias opuestas según el perfil microbiano y la tolerancia a fibras. Finalmente, recuerda que la evidencia para muchas cepas es prometedora pero heterogénea; la personalización con ciclos de prueba y ajuste mitiga la incertidumbre. La clave es usar la prueba como brújula, no como sentencia, y trabajar con profesionales cuando existan diagnósticos complejos o comorbilidades.

8. Cómo comenzar: pasos para realizar una prueba de microbioma intestinal en casa o en clínica

Dar el primer paso es sencillo si defines tus objetivos y eliges una prueba confiable. Decide si prefieres la comodidad de un kit en casa o el acompañamiento de una clínica; ambos enfoques comparten la recolección de una pequeña muestra de heces. Antes de comprar, verifica: metodología (16S vs metagenómica), claridad del informe, recomendaciones accionables y soporte posterior (idealmente, acceso a seguimiento o a un profesional). Planifica la logística: evita cambios bruscos de dieta y suplementos 72 horas antes, registra medicación reciente y síntomas clave, y realiza la toma en un día habitual para ti. Tras enviar la muestra, agenda un espacio para revisar el informe con calma; marca 1–2 objetivos prioritarios y elige un probiótico alineado con tus datos y con evidencia de cepa para tu necesidad. Establece la dosis inicial, preferiblemente empezando bajo si eres sensible, y sube gradualmente. Integra prebióticos y dieta rica en fibra de manera escalonada; si presentas SII, considera un enfoque FODMAP temporal, con reintroducción guiada para preservar diversidad. Establece un registro sencillo de síntomas y hábitos, y programa una revisión a 8–12 semanas para decidir si continúas, ajustas o cambias cepa. Si cuentas con InnerBuddies, aprovecha el informe priorizado por objetivo y sus recomendaciones de seguimiento; la idea es moverte desde el “ensayo y error” hacia decisiones informadas que encajen con tu vida. Finalmente, mantén expectativas realistas: la mayoría de mejoras se consolidan en semanas a meses, y la consistencia supera a la perfección. Un plan bien planteado, vinculado a tus datos, aumenta las probabilidades de que el “probiótico más efectivo” sea, en realidad, el más efectivo para ti.

Conclusión

La pregunta “¿Cuál es el probiótico más efectivo?” solo tiene una respuesta sólida cuando se formula para una persona concreta con un objetivo concreto, y se apoya en datos de su microbioma, su dieta y su contexto de vida. La prueba del microbioma intestinal convierte la complejidad invisible de tu ecosistema en señales accionables: cepas prioritarias, dosis razonables, sustratos prebióticos útiles y hábitos que potencian cambios duraderos. El camino más eficaz es iterativo: eliges una estrategia informada, la ejecutas con constancia, mides, ajustas y vuelves a medir. Así evitas modas y atajos que no encajan contigo, y construyes una salud digestiva e inmunológica resiliente, con beneficios que se extienden a energía, mente y desempeño diario. InnerBuddies y otras soluciones de análisis te acompañan en este tránsito desde la curiosidad hasta el autocuidado basado en evidencia. Si estás listo para pasar de la teoría a la práctica, considera iniciar tu evaluación, definir tus objetivos y diseñar un plan personalizado: tu microbioma será tu guía.

Puntos clave (Key Takeaways)

  • No existe un probiótico universal; la personalización basada en tu microbioma y objetivos es decisiva.
  • La prueba del microbioma identifica desequilibrios y orienta cepas, dosis y prebióticos adecuados.
  • El contexto importa: dieta, sueño, estrés y fármacos modulan tu respuesta a probióticos.
  • El éxito se construye con ciclos de 8–12 semanas, medición de síntomas y ajustes progresivos.
  • Las cepas con mejor evidencia dependen del objetivo: S. boulardii y L. rhamnosus GG para diarrea por antibióticos; combinaciones de Lactobacillus y Bifidobacterium para SII.
  • Más UFC no siempre significa más efecto; la cepa, la forma y la calidad del producto importan.
  • Prebióticos y dieta rica en fibra y polifenoles potencializan los efectos de los probióticos.
  • El futuro incluye posbióticos, cepas de nueva generación y recomendaciones integradas multi-ómicas.

Preguntas y respuestas (Q&A)

1) ¿Existe el probiótico más efectivo para todos?
No. La efectividad depende de tu objetivo y del estado de tu microbioma. Las pruebas intestinales permiten ajustar la elección a tus necesidades, dando ventaja a cepas con evidencia para tu caso.

2) ¿Cuántos UFC necesito al día?
Depende de la cepa y del objetivo: muchos estudios usan 1–20 mil millones de UFC/día. Más cantidad no siempre es mejor; prioriza cepas bien estudiadas y viabilidad al final de la vida útil.

3) ¿Qué cepas ayudan en diarrea por antibióticos?
Saccharomyces boulardii y Lactobacillus rhamnosus GG cuentan con buena evidencia para prevención. Consulta siempre si tienes condiciones médicas complejas o estás hospitalizado.

4) ¿Y si tengo síndrome de intestino irritable?
Las combinaciones de Lactobacillus y Bifidobacterium pueden mejorar dolor e hinchazón en algunas personas. Acompáñalo de ajustes dietéticos y prueba por 8–12 semanas con seguimiento de síntomas.

5) ¿Sirve medir el microbioma antes de elegir un probiótico?
Sí. La prueba identifica déficits y desequilibrios para dirigir la elección de cepas y prebióticos. Evitas la prueba y error ciega y aceleras resultados.

6) ¿Qué son los posbióticos y los simbióticos?
Posbióticos son metabolitos o componentes bacterianos inactivados con efectos biológicos. Simbióticos combinan probióticos y prebióticos, buscando sinergia entre cepa y sustrato.

7) ¿Puedo tomar probióticos si soy sensible a las fibras?
Sí, pero introduce prebióticos gradualmente y elige cepas con mejor tolerancia. Evalúa PHGG, pequeñas dosis de GOS o alimentos fermentados según tolerancia.

8) ¿Cuánto tardan en verse resultados?
Algunas personas notan cambios en 1–2 semanas; la mayoría requiere 4–12 semanas. Llevar un registro de síntomas mejora la precisión para ajustar el plan.

9) ¿Los alimentos fermentados sustituyen suplementos?
Pueden complementar o, en algunos casos, ser suficientes, dependiendo de tus objetivos. Los suplementos aportan cepas y dosis específicas con evidencia controlada.

10) ¿Es seguro tomar probióticos siempre?
Generalmente son seguros en personas sanas, pero existen excepciones. Consulta si tienes inmunosupresión severa, catéteres centrales o enfermedades graves activas.

11) ¿Debo cambiar de probiótico si no noto mejoría?
Si no hay progreso en 8–12 semanas, ajusta cepa, dosis o prebiótico. Revisa también dieta, estrés y sueño, que modulan la respuesta.

12) ¿Qué papel tienen los polifenoles?
Favorecen especies beneficiosas y la producción de metabolitos como el butirato. Integra frutos rojos, cacao, té verde y aceite de oliva extra virgen en tu dieta.

13) ¿Cómo influye el sueño y el estrés?
Ritmos irregulares y estrés crónico alteran la barrera intestinal y la composición microbiana. Dormir bien y manejar el estrés potencia la eficacia de un probiótico.

14) ¿Es útil repetir la prueba de microbioma?
Sí, cada 3–6 meses si estás en intervención activa. Confirma si el ecosistema se desplaza en la dirección deseada y guía ajustes finos.

15) ¿Qué diferencia hay entre 16S y metagenómica?
16S perfila géneros y es más accesible; la metagenómica identifica especies y potencial funcional con mayor detalle. La elección depende de presupuesto y profundidad de análisis deseada.

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