el gaba, abreviatura de ácido gamma-aminobutírico, es el principal neurotransmisor inhibitorio del cerebro. En las conexiones neuronales, el gaba actúa como el freno que ayuda a mantener la actividad neuronal bajo control, respaldando una línea base estable en regiones como la corteza, el hipocampo, el tálamo y el tronco encefálico. Debido a que el gaba modula la facilidad con la que las neuronas disparan, desempeña un papel central en la configuración de la excitabilidad general del cerebro y en el procesamiento de información. Las señales de gaba se transmiten a través de dos familias principales de receptores: GABA-A, que forma canales rápidos permeables a cloruro, y GABA-B, que es metabotrópico y produce efectos más lentos y duraderos mediante señalización intracelular. Una tercera clase, el gaba-C (ahora llamado GABA-A rho), está involucrada en circuitos específicos de la retina y en ciertas regiones cerebrales. La unión del gaba a estos receptores cambia el estado eléctrico de las neuronas, influyendo en cómo responden a otras entradas y en cómo se sincronizan las redes. Los investigadores estudian la participación del gaba en la regulación del sueño, la ansiedad y el estrés en términos de dinámica de redes, en lugar de efectos puntuales. Por ejemplo, las interneuronas gabaérgicas ayudan a coordinar ritmos y a sincronizar la actividad en áreas cerebrales como la amígdala, el hipotálamo y la corteza prefrontal, todas ellas implicadas en la excitación y el procesamiento emocional. Los cambios en la señalización del gaba pueden alterar el equilibrio entre excitación e inhibición, moldeando así la forma en que las redes neuronales procesan información en diferentes estados. Para estudiar el gaba en el laboratorio, los científicos utilizan diversos enfoques, desde electrofisiología e imágenes hasta modelos genéticos y ensayos bioquímicos. Técnicas como la espectroscopía por resonancia magnética pueden estimar las concentraciones de gaba en tejidos vivos, mientras que herramientas optogenéticas o quimogenéticas permiten un control preciso de las neuronas gabaérgicas en estudios animales. Juntos, estos métodos ayudan a esclarecer cómo el gaba contribuye al tono inhibitorio del cerebro y regula procesos cognitivos y afectivos complejos.