Deficiencia de magnesium (magnesio): cómo reconocerla, qué la causa y cómo corregirla de forma segura
Introducción
Muchas personas adultas presentan ingestas bajas de magnesium (magnesio) sin saberlo. Esto se traduce en cansancio, calambres, sueño inquieto o palpitaciones que suelen atribuirse a “estrés”, “deshidratación” o “falta de potasio”. Estas explicaciones son incompletas: el magnesio es un cofactor esencial en la producción de energía celular, la función muscular y nerviosa, y el ritmo cardíaco. Este artículo aclara tres puntos que suelen pasarse por alto: qué ocurre fisiológicamente cuando falta magnesio, en qué situaciones es más probable que aparezca, y cómo diferenciarlo de problemas parecidos. También resume medidas basadas en evidencia para recuperar niveles adecuados (alimentación, elección de sales y dosis) y cuándo consultar a un profesional. Está pensado para personas con síntomas recurrentes, deportistas, quienes toman ciertos fármacos o viven con alto estrés, y para quienes quieren una guía clara, práctica y segura.
Qué está ocurriendo realmente (mecanismo)
- Energía celular: más del 90% del ATP funciona como complejo Mg-ATP. Si el magnesio escasea, disminuye la eficiencia energética y aparecen fatiga y bajo rendimiento.
- Sistema nervioso: el magnesio modula receptores NMDA y GABA, actuando como “freno” del exceso de excitabilidad neuronal. Su déficit favorece irritabilidad, ansiedad e insomnio.
- Músculo: regula la entrada de calcio para la contracción y de potasio para la relajación. Con niveles bajos se facilita la hiperexcitabilidad neuromuscular (tics palpebrales, calambres nocturnos).
- Corazón y vasos: es antagonista fisiológico del calcio en músculo liso vascular, favorece la vasodilatación y ayuda a estabilizar el ritmo cardíaco.
- Hueso y metabolismo mineral: participa en la activación de la vitamina D y en la secreción de PTH, claves para manejar calcio y fosfato. Un déficit sostenido puede afectar la densidad mineral ósea.
- Ejemplos concretos:
- Calambres tras ejercicio intenso: sudoración elevada + ingesta insuficiente → mayor excitabilidad muscular.
- Sueño fragmentado y “nerviosismo”: menor modulación GABAérgica → dificultad para conciliar y mantener el sueño.
Cuándo suele aparecer este problema
- Dieta pobre en alimentos integrales: bajo consumo de frutos secos, semillas, legumbres, granos enteros, verduras de hoja y cacao.
- Pérdidas aumentadas: sudoración abundante (deporte, calor), diarreas crónicas.
- Disminución de absorción: enfermedades digestivas (celiaquía, Crohn, SIBO/disbiosis), uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones.
- Aumento de excreción: diuréticos, alcohol elevado, mal control glucémico.
- Etapas de mayor demanda: embarazo y lactancia, adolescencia, entrenamiento intenso, estrés crónico.
- Patrones reconocibles:
- Calambres nocturnos y fasciculaciones.
- Cansancio desproporcionado y menor tolerancia al ejercicio.
- Cefaleas o migrañas recurrentes.
- Sueño superficial, despertares frecuentes.
- Palpitaciones benignas en ausencia de enfermedad estructural.
Si sospechas disbiosis o un problema intestinal que limite la absorción, una prueba de microbioma puede orientar el abordaje nutricional: https://www.innerbuddies.com/es/products/prueba-del-microbioma
En qué se diferencia de problemas parecidos
- Deshidratación: suele acompañarse de sed marcada y orina concentrada. En la deficiencia de magnesio, los calambres aparecen incluso con hidratación adecuada.
- Hipopotasemia o hipocalcemia: también causan calambres, pero a menudo se asocian con debilidad más generalizada o parestesias; los análisis muestran potasio o calcio bajos. El magnesio sérico puede ser normal pese a déficit intracelular.
- Anemia: la fatiga es prominente, pero suele coexistir con palidez, disnea de esfuerzo y ferritina baja; los calambres no son tan típicos.
- Trastornos primarios del sueño o ansiedad: en la deficiencia de magnesio suele haber, además, signos neuromusculares (tics, calambres) o cefaleas que mejoran al optimizar la ingesta de magnesio.
Formas de abordarlo con evidencia
1) Ajuste dietético
- Aumenta fuentes ricas y biodisponibles:
- Frutos secos y semillas (almendras, anacardos, pipas de calabaza, sésamo).
- Legumbres (garbanzos, lentejas, soja/edamame).
- Verduras de hoja verde (espinaca, acelga).
- Granos integrales (avena, trigo sarraceno, quinoa).
- Cacao puro/cacao en polvo sin azúcar.
- Objetivo diario orientativo:
- Hombres adultos: 400–420 mg/día.
- Mujeres adultas: 310–320 mg/día.
- Embarazo: 350–360 mg/día; lactancia: 310–320 mg/día.
Estas cifras incluyen comida y, si procede, suplementos.
2) Suplementación responsable
- Dosis habituales: 200–400 mg/día de magnesio elemental, preferentemente con comidas y dividido en 1–2 tomas.
- Formas y usos frecuentes:
- Glicinato o taurato: buena tolerancia, útiles para sueño, ansiedad leve y tensión muscular.
- Citrato o lactato: buena absorción; el citrato puede ayudar si hay estreñimiento.
- Malato: opción en fatiga y recuperación muscular.
- Óxido: menor absorción, más laxante; preferible solo si el objetivo es el tránsito intestinal.
- Límites de seguridad:
- UL de magnesio procedente de suplementos (EFSA): 250 mg/día en adultos; en EE. UU. (IOM): 350 mg/día. Dosis más altas pueden usarse temporalmente bajo supervisión médica.
- Interacciones: separa 2–4 h de levotiroxina, tetraciclinas, quinolonas y bifosfonatos. Precaución con diuréticos y fármacos que afecten electrolitos.
- Sinergias razonables: asegurar vitamina D adecuada favorece el equilibrio calcio–magnesio; no es imprescindible añadir calcio si la dieta ya lo cubre.
3) Hábitos que suman
- Recuperación del deportista: periodiza carga, hidrátate con electrolitos según sudoración, prioriza sueño.
- Estrés y sueño: rutina consistente, luz diurna por la mañana, limitar pantallas de noche.
- Digestivo: trata causas de malabsorción; si hay síntomas persistentes (hinchazón, diarrea/estreñimiento), consulta y considera estudio específico.
Cuándo pedir consejo profesional
- Enfermedad renal crónica, cardiopatías, arritmias, embarazo/lactancia o uso de múltiples fármacos: individualiza pauta con tu médico.
- Síntomas de alarma: debilidad intensa, vómitos/diarrea prolongados, síncopes, dolor torácico, espasmos tetánicos o palpitaciones sostenidas.
- Falta de respuesta tras 4–6 semanas de intervención dietética/suplementación prudente.
- Necesidad de dosis altas o aparición de efectos adversos (diarrea persistente, hipotensión, somnolencia excesiva).
- Pruebas útiles según contexto: magnesio sérico, calcio, potasio, función renal, ECG. El magnesio en eritrocitos puede aportar información adicional, aunque no siempre está disponible.
Preguntas frecuentes
1) ¿Cuánto tarda en notarse la mejoría?
- Los calambres y el sueño suelen mejorar en 1–2 semanas; el rendimiento y la fatiga, en 3–4 semanas, si la ingesta total es adecuada y constante.
2) ¿Qué forma es mejor para mí?
- Sueño/ansiedad leve: glicinato o taurato.
- Estreñimiento: citrato u óxido (con cautela por efecto laxante).
- Recuperación muscular/fatiga: malato o citrato.
La “mejor” forma es la que cubre tu objetivo con buena tolerancia digestiva.
3) ¿Puedo combinarlo con vitamina D y calcio?
- Sí. Asegurar vitamina D adecuada ayuda al equilibrio mineral. Añade calcio solo si la dieta no lo cubre o hay indicación específica.
4) ¿Cuáles son los signos de exceso de magnesium?
- Diarrea, náuseas, debilidad, somnolencia, enrojecimiento y, raramente, hipotensión o bradicardia. Reduce dosis y consulta si aparecen.
5) ¿Es útil para migraña?
- En personas con déficit o alta susceptibilidad, puede disminuir frecuencia/intensidad. Suele usarse citrato, glicinato o taurato, de manera continuada y bajo consejo clínico.
6) ¿Los análisis siempre detectan la deficiencia?
- No. El magnesio sérico puede ser normal pese a déficit en tejidos. Por eso se valora el contexto clínico, la dieta, otros electrolitos y, si procede, pruebas complementarias.