Enfermedades causadas por deficiencias de vitaminas: Las 10 principales enfermedades relacionadas

12 de June, 2026Topvitamine
vitamin deficiency diseases
Combinando ciencia actualizada y recomendaciones prácticas, esta guía explica qué son las vitamin deficiency diseases, cuáles son las diez más frecuentes, y cómo un microbioma intestinal descompensado puede favorecer carencias. Aprenderás por qué evaluar tu microbiota con pruebas modernas aporta pistas esenciales sobre absorción, síntesis y riesgo de deficiencias, y cómo traducir los resultados en acciones dietéticas y de estilo de vida. También entenderás qué pruebas existen, cómo prepararte, interpretar informes y diseñar un plan personalizado de alimentación, suplementos y hábitos. Si buscas prevenir o abordar cansancio crónico, alteraciones neurológicas, problemas de piel, anemia u óseos, aquí encontrarás el puente entre nutrición y salud intestinal para una prevención inteligente.

1. La relación entre el microbioma intestinal y las enfermedades por deficiencias vitamínicas

La conversación sobre enfermedades por deficiencia de vitaminas debe comenzar, necesariamente, con el intestino. Allí ocurre la mayor parte de la digestión y absorción de nutrientes, y allí también reside el microbioma: billones de microbios que influyen en la disponibilidad de vitaminas. Cuando el ecosistema intestinal se desequilibra (disbiosis), se altera la producción endógena de vitaminas por bacterias comensales —como K y algunas del grupo B—, se daña la integridad de la mucosa, se modifican los transportadores de membrana y la motilidad, y aumenta la inflamación que interfiere con la absorción. Todo ello eleva el riesgo de carencias clínicas o subclínicas. No es casual que patologías asociadas a malabsorción, como sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO), enfermedad celíaca no diagnosticada o enfermedad inflamatoria intestinal, se acompañen con más frecuencia de déficits de vitamina B12, folato, D y K. El círculo vicioso se refuerza: la falta de micronutrientes empobrece aún más las comunidades bacterianas al reducir fibras específicas y sustratos fermentables en la dieta, empeora la permeabilidad intestinal y prolonga la inflamación, dificultando recuperar el equilibrio. A esto se suma otro factor: la polimedicación. Inhibidores de la bomba de protones, metformina, anticonceptivos y antibióticos pueden disminuir la absorción (B12, magnesio) o alterar la microbiota durante meses, generando un “agujero” funcional en rutas vitamínicas. Incluso si la ingesta dietética parece suficiente, la biodisponibilidad real puede verse mermada por ácidos biliares disfuncionales, tránsito acelerado, alcalinización gástrica o interacciones fibra-polifenoles-nutrientes. Por eso, en clínica moderna, cuando se evalúan anemia megaloblástica, fatiga inexplicada, neuropatías periféricas, alteraciones de la coagulación o lesiones cutáneas, no basta con medir niveles séricos: conviene pensar en la ecología intestinal como explicación de fondo. En la práctica, entender esta relación permite actuar con precisión. Por ejemplo, en un paciente con rotación antibiótica frecuente y dieta baja en verduras, valorar la vitamina K y ajustar la ingesta de hojas verdes y fermentados puede prevenir diátesis hemorrágica. O en una persona vegana con reflujo tratada con antisecretores, el cribado de B12 y folato junto a una evaluación del microbioma puede alertar temprano sobre un desequilibrio que, de no corregirse, conduciría a parestesias y disminución cognitiva. Así, el vínculo microbioma-vitaminas traslada la conversación de “comer sano” a “absorber y utilizar de forma efectiva”, y ese matiz marca la diferencia entre prevención y enfermedad.

2. Beneficios de las pruebas del microbioma intestinal

Las pruebas del microbioma han pasado de ser una curiosidad científica a un instrumento clínico útil para contextualizar síntomas, personalizar la nutrición y anticipar riesgos. ¿Por qué? Porque ofrecen un mapa del ecosistema intestinal: qué bacterias abundan o faltan, qué funciones metabólicas se potencian o limitan, y qué marcadores indirectos (como rutas para sintetizar vitaminas B o K, capacidad de fermentar fibras o degradar mucinas) pueden estar implicados en carencias vitamínicas. Un reporte bien interpretado ayuda a diferenciar si la deficiencia obedece principalmente a baja ingesta, a un problema de absorción o a un estado inflamatorio sostenido. Cuando una persona presenta fatiga, cabello quebradizo, piel seca y llagas recurrentes en la boca, el análisis microbiológico puede revelar baja diversidad, escasez de productores de butirato (que nutren al colonocito y mantienen barrera intestinal), y presencia elevada de cepas oportunistas que consumen vitaminas del huésped. Con esa información, el plan deja de ser genérico: se reorienta la dieta hacia prebióticos específicos (inulina, FOS, GOS, almidón resistente), se incorporan fermentados adecuados a la tolerancia, se ajusta el horario de comidas para sincronizar motilidad, y se pauta una estrategia de suplementos por fases (por ejemplo, iniciar con B12 metilcobalamina sublingual en malabsorción gástrica, luego optimizar folato como 5-MTHF si hay polimorfismos sospechados, y al final consolidar con dieta rica en folatos naturales y legumbres remojadas). Además, las pruebas son una “línea base” útil para monitorizar. Tras 8–12 semanas de intervenciones, un reanálisis puede confirmar si se recuperan productores de SCFA, mejora la proporción Firmicutes/Bacteroidetes, descienden marcadores de disbiosis y, con ello, si “se abre la puerta” metabólica para aprovechar mejor vitaminas liposolubles y del complejo B. Otro beneficio es educativo: ver por escrito y en gráficos cómo hábitos concretos (estrés, sueño corto, sedentarismo) afectan el microbioma incrementa la adherencia a cambios conductuales que, por sí solos, mejoran la utilización de micronutrientes. Finalmente, las pruebas protegen frente a la suplementación indiscriminada. En lugar de “tirar dardos a ciegas” con megadosis, un informe guía hacia formas, dosis y duraciones razonadas, disminuyendo efectos adversos o interacciones (por ejemplo, equilibrar folato con B12 para evitar enmascarar neuropatías; o introducir K2 con vitamina D para optimizar el metabólico óseo). En resumen, las pruebas del microbioma no sustituyen análisis sanguíneos de vitaminas, pero completan el rompecabezas y reducen la incertidumbre terapéutica.

3. Tipos de pruebas del microbioma intestinal disponibles

Hoy existen varias tecnologías para analizar el microbioma, cada una con fortalezas y limitaciones. La PCR cuantitativa dirigida a patógenos o grupos bacterianos seleccionados ofrece rapidez y coste relativamente bajo, útil para confirmar sospechas de sobrecrecimiento o disbiosis marcada, aunque con visión estrecha: no refleja bien la diversidad ni las rutas metabólicas comunitarias. La secuenciación de 16S rRNA amplía el panorama, identificando géneros y, en algunos casos, especies con buena fiabilidad; resulta apta para conocer proporciones relativas, índices de diversidad y comparativas con poblaciones de referencia. Su límite es la resolución funcional: saber “quién está” no siempre indica “qué hace”. La metagenómica shotgun, por su parte, captura fragmentos del ADN total, permitiendo inferir funciones (vías de síntesis de vitaminas, metabolismo de polisacáridos, resistencia a antibióticos) con más detalle; a cambio, cuesta más y requiere interpretación experta. ¿Pruebas en casa o en laboratorio? Las opciones domiciliarias, como las ofrecidas por plataformas especializadas, incluyen kits de recolección de heces con estabilizantes que preservan el ADN microbiano durante el envío; su ventaja es la comodidad y la posibilidad de seguimientos seriados. Laboratorios clínicos integran, además, marcadores fecales complementarios (calprotectina, elastasa pancreática, grasa fecal) que, cruzados con la microbiota, ayudan a reconocer maldigestión, pangastritis o inflamación activa, todos factores que condicionan absorción de vitaminas liposolubles y del complejo B. En la práctica, conviene elegir la tecnología en función de la pregunta clínica: 16S puede ser suficiente si se busca un “mapa general” para orientar dieta y prebióticos; shotgun resulta preferible cuando interesa el potencial funcional relacionado con síntesis de B12-like, folato, biotina o vitamina K, y cuando se diseñarán protocolos más finos de intervención. Productos como el test intestinal de InnerBuddies integran, además, paneles de riesgo alimentario y recomendaciones prácticas, facilitando el paso de un informe técnico a acciones cotidianas. En cuanto a coste y utilidad, el balance óptimo combina accesibilidad con capacidad de seguimiento: una línea base metagenómica y, según respuesta clínica, reevaluaciones 16S permiten vigilar cambios sin sobredimensionar el presupuesto. Sea cual sea el método, la clave no está solo en “medir” sino en traducir datos en decisiones: priorizar fibras que alimenten productores de butirato, modular grasas de la dieta para facilitar absorción de A, D, E y K, y cronometrar suplementos en ventanas de mejor asimilación.

4. Cómo prepararse para una prueba del microbioma

La preparación adecuada aumenta la fiabilidad del resultado y evita interpretaciones engañosas. Diez a catorce días antes, intenta mantener tu patrón alimentario habitual: si cambias bruscamente a una dieta cargada de fibra o, al contrario, a una hiperproteica baja en plantas, “maquillarás” la foto del microbioma, obteniendo un perfil que no representa tu día a día. Si tomas antibióticos, espera de cuatro a seis semanas después del último comprimido para muestrear; si necesitas medir el impacto inmediato, consígnalo en el formulario para contextualizar. Con probióticos, la recomendación depende del objetivo: si interesa tu “línea base” sin refuerzo exógeno, suspéndelos siete a diez días; si evalúas la respuesta a una cepa específica, mantenla constante. Respecto a suplementos de vitaminas, no suelen interferir con la señal genética bacteriana, pero conviene anotar dosis y formas (por ejemplo, metilfolato vs. ácido fólico, cianocobalamina vs. metilcobalamina), ya que la interpretación sobre rutas microbianas y niveles séricos se complementará con esa información. Evita laxantes osmóticos o estimulantes la semana previa; si tienes estreñimiento severo, consulta para valorar la toma en un día de ritmo natural. El momento de recolección importa menos que la consistencia de la muestra: deposiciones extremadamente líquidas o muy duras pueden sesgar abundancias relativas. Usa el kit tal como se indica: no mezcles con agua del inodoro ni con limpiadores; procura que la muestra no se contamine con orina. Una capa delgada de heces es suficiente; más cantidad no equivale a mejor análisis. Tras cerrar el tubo con conservante, agítalo con fuerza para homogenizar; si tu kit carece de estabilizador, refrigera de inmediato y envía en las 24–48 horas siguientes. Completa el cuestionario con honestidad: apetito, energía, calidad de sueño, estrés, fármacos y síntomas digestivos añaden contexto que, muchas veces, explica desviaciones. Por último, define expectativas con tu profesional o con el equipo de InnerBuddies antes de testear: ¿buscas razones de una anemia megaloblástica? ¿Exploras por qué tu vitamina D no sube pese a suplementar? ¿Quieres diseñar un plan preventivo para piel y mucosas? Esta claridad orienta qué variables priorizar en el informe, evita frustraciones y convierte el test en el primer paso de una estrategia, no en un dato aislado.

5. Interpretación de los resultados: qué significan para tu salud

Leer un informe de microbioma requiere integrar capas. Primero, observa la diversidad alfa (riqueza y uniformidad): una baja diversidad suele correlacionar con inestabilidad ecológica, mayor permeabilidad y peor resiliencia frente a infecciones o cambios dietéticos; todo ello se asocia a mayor riesgo de carencias, porque la mucosa inflamada y el tránsito alterado dificultan absorber vitaminas. Luego, revisa productores de ácidos grasos de cadena corta (Butyricicoccus, Faecalibacterium, Roseburia): si están deprimidos, la energía del colonocito cae, la barrera se debilita y aumentan endotoxinas, un caldo de cultivo para disfunción de transportadores y de enzimas digestivas. En paralelo, analiza oportunistas o patobiontes (por ejemplo, Enterobacteriaceae expandidas, ciertas Clostridia), que pueden competir por vitamina B12 o folato, consumir mucina y fomentar inflamación. En pruebas metagenómicas, busca módulos funcionales: rutas para biosíntesis de menaquinonas (vitamina K2), de biotina, folato y cobamidas; si aparecen aminoradas, sugiere que el “apoyo endógeno” a tu ingesta es bajo. Cruza estos hallazgos con tu historia y, cuando esté disponible, con analíticas: ferritina y B12 “normales-bajas” junto con folato bajo y disbiosis con sobrecrecimiento distal apuntan a malabsorción multifactorial. Interpreta con prudencia abundancias relativas: un 2% de un taxón puede ser relevante si su función es crítica; al revés, un 10% de otro puede ser benigno en tu contexto. El informe también suele incluir señales de metabolismo de carbohidratos resistentes, lactosa, fructosa y polialcoholes; intolerancias no diagnosticadas generan fermentación excesiva, distensión, diarrea o estreñimiento que reducen tiempo de contacto y, con ello, absorción de vitaminas y sales biliares. Una lectura madura del informe pide evitar reduccionismos (“sube tal bacteria con tal cápsula”); más útil es trazar un plan en capas: 1) calmar la inflamación y normalizar motilidad; 2) reintroducir fibras bien toleradas; 3) priorizar alimentos densos en micronutrientes; 4) suplementar de forma dirigida por ventanas de 8–12 semanas; 5) reevaluar. Si el reporte proviene de InnerBuddies, las recomendaciones prácticas ya vendrán ponderadas según tu perfil y metas (peso, energía, piel, rendimiento cognitivo). Pregunta siempre qué hallazgos son robustos y cuáles exploratorios, y cuándo conviene un seguimiento clínico: por ejemplo, parestesias, glositis y anemia con VCM alto piden confirmar B12 metilmalónica y homocisteína; sangrados fáciles requieren TP/INR y vitamina K; fracturas por fragilidad aconsejan vitamina D, PTH y densitometría. El valor del informe no está en “diagnosticar” deficiencias, sino en indicar dónde mirar con más foco.

6. Cómo mejorar tu microbioma tras la prueba

El postest no debería traducirse en una lista interminable de prohibiciones, sino en un plan factible en 12 semanas. Empieza por la base: fibra total 25–38 g/día ajustada a tolerancia, distribuyendo entre solubles (avena, legumbres bien cocidas o en puré, chía) e insolubles suaves (verduras cocidas, frutas sin piel si hay sensibilidad); estas fibras alimentan bacterias productoras de butirato, que sostienen la barrera y, en cascada, la absorción de vitaminas. Incorpora prebióticos específicos si el informe sugiere carencias funcionales: inulina o FOS para Bifidobacterium, GOS para Lactobacillus, almidón resistente tipo 3 (arroz o patata cocidos y enfriados) para butirato. Integra fermentados con estrategia: yogur y kéfir si toleras lactosa o en versión sin lactosa; chucrut o kimchi en porciones pequeñas y progresivas; tempeh y miso como moduladores suaves. El timing de comidas ayuda: una ventana de alimentación consistente (por ejemplo, 10–12 horas) sincroniza el complejo motor migratorio, reduce estasis y fermentación en intestino delgado, mejora SIBO y, en consecuencia, favorece la absorción de B12 y folato. Ajusta las grasas: prioriza monoinsaturadas y omega-3 para modular inflamación y facilitar el transporte de A, D, E y K; acompaña las verduras ricas en carotenoides con una fuente de grasa (aceite de oliva, aguacate) para maximizar conversión a retinol. Con suplementos, piensa “por fases”: si hay señales de malabsorción gástrica (uso crónico de antisecretores, anemia megaloblástica), la B12 sublingual o intramuscular gana ventaja; si se sospecha alteración del ciclo del folato, el 5-MTHF puede ser preferible al ácido fólico sintético. La vitamina D se asimila mejor con grasa y con K2 (menaquinona-7) para dirigir el calcio, sobre todo en individuos con polimorfismos de VDR o con microbiotas pobres en productores de K2. La vitamina C en dosis divididas apoya colágeno y mejora absorción de hierro no hemo; la B6 activa (P-5-P) es útil en estados de inflamación y uso de anticonceptivos; la biotina contribuye a piel y uñas cuando hay disbiosis por antibióticos. No olvides el estilo de vida: dormir 7–9 horas, gestionar el estrés (respiración, meditación breve), moverte a diario y entrenar fuerza 2–3 veces por semana reduce inflamación, mejora la motilidad y estabiliza la glucemia, factores que inciden en la utilización vitamínica. Repite la prueba a las 8–12 semanas si tus síntomas iniciales fueron severos o si ajustaste muchos ejes; si la situación era leve, una reevaluación semestral es razonable. Y mantén la curiosidad: el microbioma cambia con estaciones, viajes, enfermedades y medicaciones; tu plan también debe poder adaptarse, con el test de InnerBuddies como brújula para decidir el siguiente paso.

7. Casos de éxito y testimonios de personas que se han sometido a pruebas de microbioma

Un ejemplo típico es el de Laura, 36 años, con fatiga persistente, caída de cabello y aftas recurrentes. Sus análisis mostraban B12 “normal baja” y ferritina limitada, pero sin anemia franca. La prueba de microbioma reveló baja diversidad, escasez de Bifidobacterium y Roseburia, y expansión moderada de Enterobacteriaceae. Se diseñó un plan: prebióticos escalonados (GOS e inulina), legumbres en cremas, hojas verdes diarias para folato y K, y B12 sublingual durante 12 semanas, junto con optimización de vitamina D y K2. En tres meses, mejoró su energía, desaparecieron las aftas y subieron B12 y ferritina; el reanálisis mostró recuperación de productores de butirato. Otro caso, Miguel, 52 años, con neuropatía periférica leve y parestesias. Llevaba años con antiácidos por reflujo. Su test metagenómico sugirió rutas microbianas de cobamidas reducidas y sobrecrecimiento distal compatible con SIBO. Se coordinó con su médico para de-escalar antisecretores, introducir un ciclo de manejo de SIBO (dieta temporal baja en FODMAP ajustada y proquinéticos), B12 parenteral y, más tarde, probióticos específicos. A los cuatro meses, ceden las parestesias y su homocisteína desciende. Un tercer relato, Ana, 28 años, vegana, con equimosis fáciles y sangrado gingival ocasional. No tomaba fermentados ni hojas verdes a diario. La prueba identificó baja abundancia de productores de K2 y de bacterias que metabolizan fibras solubles. Con educación nutricional (rotar crucíferas, más espinaca y rúcula, tempeh regular, semillas de sésamo) y un apoyo temporal con K2 y vitamina C, resolvió los síntomas y consolidó una microbiota más diversa. Finalmente, Roberto, 67 años, con osteopenia pese a suplementos de calcio. La metagenómica mostró inflamasoma activado y baja síntesis de butirato; su vitamina D estaba en rango insuficiente. Se reenfocó el plan a D3 con K2, más grasas saludables para absorción, exposición solar prudente y prebióticos; a los seis meses, la densitometría mejora gradualmente y reporta menos dolor articular. Estos casos subrayan tres puntos: 1) la deficiencia no siempre es por “comer poco” sino por “absorber mal”; 2) el microbioma ofrece un mapa de obstáculos y palancas para corregir; 3) el éxito exige periodización: calmar, nutrir, reforzar, mantener. InnerBuddies facilita ese itinerario al traducir datos en acciones prácticas, respaldando decisiones con seguimiento y métricas objetivas.

8. ¿Es la prueba del microbioma adecuada para ti?

Considera una evaluación del microbioma si presentas signos que sugieran carencias vitamínicas sin explicación clara: fatiga desproporcionada, piel seca persistente, glositis, uñas quebradizas, caída de cabello, parestesias, morados fáciles, sangrado gingival, calambres musculares, baja tolerancia al ejercicio, infecciones recurrentes o alteraciones del ánimo. Añade puntos si has usado antibióticos repetidamente, tomas antiácidos crónicos, tienes diarreas o estreñimiento frecuentes, padeces SIBO o síndrome de intestino irritable, o has sido diagnosticado de enfermedad celíaca o inflamatoria: todos constituyen “terrenos biológicos” que facilitan la aparición de deficiencias. También es pertinente si tu plan de suplementos no “funciona” (por ejemplo, vitamina D que no sube) o si sigues una dieta restrictiva (vegana sin planificación, cetogénica prolongada pobre en verduras, FODMAPs rígido), ya que podrías beneficiarte de una visión funcional que optimice ingesta y absorción. Para perfiles preventivos —deportistas que buscan rendimiento sostenido, personas que atraviesan etapas de alta demanda fisiológica como embarazo o menopausia, o mayores con polimedicación—, el test ayuda a dirigir recursos hacia lo que suma más: densidad de plantas específicas, secuencias de comidas, sinergias de vitaminas (B9+B12, D+K2, C+hierro), y hábitos que blindan la mucosa. Si prefieres intervenciones basadas en evidencia y personalización, una plataforma como InnerBuddies te permite recoger la muestra en casa, recibir un informe claro y aplicar cambios escalonados con seguimiento. Ahora bien, el test no sustituye atención médica: síntomas neurológicos progresivos, sangrados anómalos, pérdida de peso involuntaria, fiebre o dolor abdominal intenso exigen evaluación clínica prioritaria. Tampoco esperes que el informe sea una “receta mágica”: es una brújula, no el camino completo. Valora tu disposición a actuar sobre los resultados: ajustar la lista de la compra, dedicar tiempo a cocinar básico, ensayar prebióticos y fermentados, dormir mejor y moverte con constancia. Si esa respuesta es afirmativa, entonces el análisis de tu microbioma puede ser la pieza que faltaba para pasar de la teoría a los cambios que se notan en energía, piel, digestión y biomarcadores.

9. Conclusión: La importancia de un microbioma saludable para tu bienestar

Para cerrar, conviene recapitular cuáles son las diez enfermedades por deficiencia vitamínica más relevantes y cómo el microbioma participa en su génesis o evolución: 1) anemia megaloblástica por déficit de B12 o folato (con neuropatía asociada), 2) pelagra por déficit de niacina (dermatitis, diarrea, demencia), 3) beriberi y encefalopatía de Wernicke por déficit de tiamina (cardioneuropatía y alteraciones neurológicas), 4) escorbuto por déficit de vitamina C (fragilidad capilar, gingivorragia, mala cicatrización), 5) raquitismo y osteomalacia por déficit de vitamina D (defectos de mineralización ósea), 6) xeroftalmía y ceguera nocturna por déficit de vitamina A, 7) diátesis hemorrágica por déficit de vitamina K (coagulación alterada), 8) neuropatía periférica y dermatitis por déficit de vitamina B6, 9) ataxia y neuropatía por déficit de vitamina E, y 10) defectos del tubo neural fetales por déficit materno de folato. En cada una, la absorción y/o la producción endógena modulada por la microbiota juega un papel: desde la síntesis bacteriana de K2 y folato hasta la integridad de mucosa que permite captar liposolubles. Las pruebas del microbioma, bien empleadas, no reemplazan la clínica ni los análisis séricos, pero aportan un contexto que suele faltar: por qué algunos pacientes “no responden” a suplementos, qué fibras y fermentados favorecen rutas vitamínicas clave y cómo reducir inflamación y permeabilidad que restan biodisponibilidad. El itinerario práctico es claro: evalúa, actúa y verifica. Evalúa con una herramienta metódica —por ejemplo, el test intestinal de InnerBuddies— para descubrir desequilibrios y potencial funcional. Actúa con una secuencia razonada: dieta rica en plantas variadas y densas en micronutrientes, prebióticos y fermentados dosificados, ajustes de forma y dosis de vitaminas (D con K2, B12 en formas activas cuando proceda, folato como 5-MTHF si se precisa), y hábitos que estabilicen el eje intestino-cerebro. Verifica con sintomatología y, si procede, con reanálisis del microbioma y laboratorio. Con este enfoque, la prevención deja de ser abstracta: se traduce en menos anemia, piel y mucosas más sanas, mejor función neurológica y ósea, y una experiencia cotidiana de mayor energía y resiliencia. Para terminar, respuestas clave en formato breve. ¿Cuál es la señal más infravalorada? La “normalidad baja” sostenida en B12 y folato con fatiga y parestesias. ¿El error común? Suplementar sin corregir microbiota y dieta, esperando que el comprimido compense una barrera intestinal “con fugas”. ¿La mejor inversión? Un plan que priorice alimentos de verdad, fibras solubles y diversidad, y que use los suplementos como palancas temporales, guiadas por datos. ¿El mensaje final? Cuidar tu microbioma no solo ayuda a digerir: ayuda a construir, reparar y proteger, vitamina a vitamina. Palabras clave esenciales para tu búsqueda y planificación futura: deficiencias vitamínicas, microbioma intestinal, malabsorción, B12, folato, vitamina D, vitamina K2, prebióticos, fermentados, pruebas del microbioma, InnerBuddies, prevención, salud ósea, salud neurológica, anemia megaloblástica.

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