Clasificación de vitaminas: hidrosolubles y liposolubles


Clasificación de vitaminas: qué es y por qué importa

Las vitaminas son micronutrientes esenciales que el organismo necesita en pequeñas cantidades para funcionar con normalidad y que, en su mayoría, debe obtener a través de la alimentación. En total existen 13 vitaminas esenciales: las vitaminas A, C, D, E y K, junto con las ocho del complejo B (tiamina, riboflavina, niacina, ácido pantoténico, piridoxina, biotina, folato y cobalamina). La forma más habitual de organizar este grupo es la clasificación de vitaminas por solubilidad, que distingue entre vitaminas hidrosolubles y vitaminas liposolubles según cómo se disuelven, se absorben y se almacenan en el cuerpo. Comprender esta clasificación ayuda a interpretar mejor las etiquetas de los suplementos, a planificar la ingesta y a entender por qué algunas vitaminas requieren un aporte más frecuente que otras.

Vitaminas hidrosolubles y liposolubles: la diferencia clave

Las vitaminas hidrosolubles, es decir, las ocho del complejo B y la vitamina C, se disuelven en agua, se almacenan solo de forma limitada y el exceso se elimina principalmente por la orina, por lo que conviene ingerirlas de manera regular a través de la dieta. Las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) se disuelven en grasa, se almacenan en el hígado y en los tejidos grasos y necesitan grasa dietética para absorberse correctamente. Esta capacidad de almacenamiento permite que el cuerpo las retenga durante más tiempo, pero también implica que las cantidades excesivas y mantenidas en el tiempo pueden acumularse, de ahí que su suplementación deba manejarse con mayor prudencia.

Cómo aplicar la clasificación al elegir suplementos

En la práctica, la clasificación de vitaminas tiene consecuencias directas en el día a día: influye en la frecuencia de toma, en la conveniencia de acompañar las vitaminas liposolubles con una comida que contenga grasa y en la elección entre un multivitamínico y vitaminas individuales. En Topvitamine.com encontrarás colecciones dedicadas a vitaminas concretas, como la vitamina C o la vitamina D, además de filtros para comparar formatos y formulaciones. Aun así, la base sigue siendo una alimentación variada y equilibrada: los suplementos pueden ayudar a cubrir carencias concretas, pero no sustituyen a los alimentos. Si tomas medicamentos, estás embarazada o en período de lactancia o presentas síntomas persistentes, es recomendable consultar con un profesional sanitario antes de empezar a suplementar.


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Existen 13 vitaminas esenciales y la clasificación más utilizada las organiza según su solubilidad: las vitaminas hidrosolubles (las ocho del complejo B y la vitamina C) y las vitaminas liposolubles (A, D, E y K). Esta clasificación determina cómo el cuerpo las absorbe, las almacena y las elimina, y por eso influye directamente en la mejor forma de consumirlas y de suplementarlas.

¿Qué son las vitaminas y cuántos tipos existen?

Las vitaminas son micronutrientes orgánicos que el organismo necesita en pequeñas cantidades para su funcionamiento normal. Se consideran esenciales porque, en general, el cuerpo no puede fabricarlas o no las produce en cantidades suficientes, de modo que deben obtenerse principalmente a través de la alimentación.

En total existen 13 vitaminas esenciales reconocidas: las vitaminas A, C, D, E y K y las ocho del complejo B. Cada una cumple funciones propias en el organismo, aunque varias colaboran en procesos similares.

Una carencia prolongada puede manifestarse con síntomas inespecíficos que también pueden deberse a otras causas. Ante sospechas persistentes, lo adecuado es comentarlo con un profesional sanitario.

  • Vitamina A (retinol)
  • Vitamina B1 (tiamina)
  • Vitamina B2 (riboflavina)
  • Vitamina B3 (niacina)
  • Vitamina B5 (ácido pantoténico)
  • Vitamina B6 (piridoxina)
  • Vitamina B7 (biotina)
  • Vitamina B9 (folato)
  • Vitamina B12 (cobalamina)
  • Vitamina C (ácido ascórbico)
  • Vitamina D (colecalciferol)
  • Vitamina E (tocoferol)
  • Vitamina K (filoquinona)

Clasificación por solubilidad: vitaminas hidrosolubles y liposolubles

La solubilidad es el criterio más utilizado para organizar los tipos de vitaminas, porque determina en qué medio se disuelve cada una, cómo se absorbe, dónde se almacena y cómo se elimina. Las vitaminas hidrosolubles se disuelven en agua, mientras que las vitaminas liposolubles se disuelven en grasa.

Esta diferencia influye directamente en la frecuencia de consumo recomendada y en la prudencia necesaria para evitar acumulaciones, por lo que conviene conocerla antes de planificar la toma de suplementos vitamínicos.

Vitaminas hidrosolubles: el complejo B y la vitamina C

Este grupo incluye las vitaminas B1, B2, B3, B5, B6, B7, B9 y B12, además de la vitamina C. El cuerpo solo las almacena en cantidades limitadas y el exceso se elimina sobre todo por la orina, por lo que conviene ingerirlas con regularidad a través de la alimentación.

Entre otras funciones, contribuyen al metabolismo energético normal, a la formación de glóbulos rojos y al funcionamiento normal del sistema nervioso. La vitamina C contribuye además al funcionamiento normal del sistema inmunitario y a la formación normal de colágeno.

Vitaminas liposolubles: A, D, E y K

Las vitaminas A, D, E y K se disuelven en grasa y se almacenan en el hígado y en los tejidos grasos, lo que permite que el organismo las retenga durante más tiempo. Necesitan grasa dietética para absorberse correctamente, por lo que se recomienda tomarlas junto con comidas que contengan algo de grasa.

Debido a su capacidad de acumulación, las cantidades excesivas y mantenidas en el tiempo pueden aumentar el riesgo de efectos adversos, un aspecto importante a tener en cuenta al suplementar.

Entre sus funciones establecidas: la vitamina A interviene en la visión y en el sistema inmunitario; la vitamina D interviene en los huesos y en el metabolismo del calcio; la vitamina E contribuye a la protección de las células frente al daño oxidativo; y la vitamina K interviene en la coagulación sanguínea y en el mantenimiento de los huesos.

Diferencias clave entre ambos grupos

Estas son las diferencias que más conviene recordar:

  • Almacenamiento: limitado en las hidrosolubles y prolongado en las liposolubles.
  • Eliminación: el exceso de las hidrosolubles se excreta por la orina, mientras que las liposolubles no se eliminan con la misma facilidad.
  • Absorción: las liposolubles requieren la presencia de grasa dietética.
  • Frecuencia de ingesta: las hidrosolubles necesitan un aporte más regular; las liposolubles pueden consumirse con menor frecuencia.
  • Riesgo de exceso: exige mayor vigilancia en el caso de las liposolubles.

Funciones principales de las vitaminas A, B, C, D, E y K

Cada vitamina desempeña funciones fisiológicas establecidas en el organismo. Por eso se describen con formulaciones como «contribuye a» o «interviene en»: una función establecida no significa que tomar cantidades adicionales mejore esos procesos en personas cuyos niveles ya son adecuados.

  • Vitamina A: interviene en el mantenimiento de la visión normal, de la piel y las mucosas y del funcionamiento del sistema inmunitario.
  • Vitaminas B1, B2, B3, B5, B6, B7 y B12: contribuyen al metabolismo energético normal y al funcionamiento normal del sistema nervioso.
  • Vitamina B9 (folato): contribuye a la formación normal de células sanguíneas y al crecimiento de los tejidos maternos durante el embarazo.
  • Vitamina B12: contribuye además a la formación normal de glóbulos rojos.
  • Vitamina C: contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y a la formación normal de colágeno.
  • Vitamina D: contribuye a la absorción y utilización normal del calcio y al mantenimiento de los huesos en condiciones normales.
  • Vitamina E: contribuye a la protección de las células frente al daño oxidativo.
  • Vitamina K: interviene en la coagulación normal de la sangre y en el mantenimiento de los huesos.

Recuerda que síntomas como el cansancio son inespecíficos y no permiten, por sí solos, diagnosticar carencias. Si quieres profundizar o explorar productos concretos, puedes visitar la colección de vitamina C de Topvitamine o la colección de vitamina D de Topvitamine.

¿Cuáles son las vitaminas más importantes?

Las 13 vitaminas son necesarias y no existe una clasificación oficial que establezca cuáles son universalmente más importantes. La relevancia práctica de cada una depende de factores como la alimentación, la etapa de la vida, la exposición al sol, el estilo de vida y la capacidad de absorción individual.

Dicho esto, hay vitaminas que se comentan con frecuencia en contextos concretos: la vitamina D en países con poca luz solar durante buena parte del año; la vitamina B12 en dietas vegetarianas y veganas, ya que se encuentra sobre todo en alimentos de origen animal; y la vitamina B9 (folato) en mujeres embarazadas o que planean estarlo.

Toda priorización individual debería basarse en la dieta real y, en su caso, en una valoración profesional o en análisis clínicos.

Vitaminas en situaciones de salud concretas

Algunas enfermedades y circunstancias pueden modificar las necesidades de vitaminas, la capacidad de absorción o la conveniencia de suplementar. Es habitual que personas con enfermedades hepáticas como la cirrosis, en recuperación tras un ictus (infarto cerebral) o con preocupaciones de piel como el melasma se pregunten qué vitaminas les convienen.

No existe una respuesta general válida para todos: la respuesta depende del diagnóstico, del tratamiento farmacológico y del estado nutricional de cada persona. Además, algunos suplementos pueden interactuar con medicamentos o no ser adecuados en ciertas condiciones, por lo que la pauta debe establecerla un médico o profesional sanitario.

Para problemas de piel como el melasma, la valoración corresponde a un profesional de la salud o dermatólogo. Esta orientación es general y no sustituye los consejos médicos individualizados.

¿Cuándo puede tener sentido tomar suplementos vitamínicos?

Una alimentación variada y equilibrada es la primera fuente de vitaminas: los suplementos complementan la dieta, no la sustituyen. Aun así, hay situaciones en las que la suplementación se considera con frecuencia, como dietas restrictivas o veganas, embarazo y lactancia, edad avanzada, problemas de absorción y etapas de mayor demanda nutricional.

La clasificación por solubilidad también ayuda a planificar su uso: las vitaminas hidrosolubles suelen requerir pautas más frecuentes, mientras que las liposolubles conviene tomarlas con comidas que contengan grasa.

Antes de empezar a suplementar, y en particular si se toman medicamentos, existe una condición médica diagnosticada o hay embarazo o lactancia, es aconsejable consultar con un profesional sanitario.

Cómo elegir y tomar suplementos vitamínicos

Los formatos más habituales son cápsulas, comprimidos, comprimidos efervescentes, gotas y polvos; la elección depende de las preferencias personales y de la vitamina concreta. A la hora de decidir entre un multivitamínico y vitaminas individuales, ten en cuenta que el primero combina varias vitaminas, mientras que las individuales permiten centrarse en un nutriente concreto según la alimentación.

Merece la pena fijarse en la forma del nutriente, ya que algunas formulaciones utilizan formas más biodisponibles, y en marcas que trabajen con controles de calidad y etiquetado transparente. Evita la lógica de «cuanto más, mejor»: respeta las cantidades indicadas en el etiquetado y las pautas de referencia oficiales.

En cuanto al momento de la toma, las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) conviene tomarlas junto a una comida con grasa, mientras que las hidrosolubles pueden tomarse con o sin alimento. Si combinas varios suplementos, revisa la suma total de vitaminas para evitar aportes duplicados, sobre todo de liposolubles.

En resumen, algunos criterios prácticos:

  • Comprueba la forma del nutriente y la cantidad por dosis en la etiqueta.
  • Decide entre un multivitamínico y vitaminas individuales según tu alimentación.
  • Prioriza productos con etiquetado transparente y controles de calidad.
  • Sigue las instrucciones de toma del fabricante y no superes las dosis indicadas.

Precauciones de seguridad con las vitaminas

Las vitaminas liposolubles pueden acumularse en el organismo, por lo que deben evitarse las cantidades altas y mantenidas en el tiempo de vitamina A, D, E o K sin supervisión profesional. Tampoco conviene abusar de las hidrosolubles en dosis muy altas, aunque el exceso se elimine por la orina.

Algunos suplementos pueden interactuar con medicamentos: es importante informar al profesional sanitario de todos los suplementos que se toman. El embarazo, la lactancia, las enfermedades diagnosticadas y el tratamiento farmacológico requieren valoración profesional previa.

Síntomas como el cansancio o la caída de cabello son inespecíficos: no permiten diagnosticar deficiencias y pueden deberse a muchas causas distintas.

Preguntas frecuentes sobre la clasificación de vitaminas

¿Cuáles son las 13 vitaminas esenciales?

Las vitaminas A, C, D, E y K, junto con las ocho del complejo B: tiamina (B1), riboflavina (B2), niacina (B3), ácido pantoténico (B5), piridoxina (B6), biotina (B7), folato (B9) y cobalamina (B12). El organismo necesita todas ellas y las obtiene principalmente a través de la alimentación.

¿Cuál es la diferencia entre vitaminas hidrosolubles y liposolubles?

Las hidrosolubles (las ocho del complejo B y la vitamina C) se disuelven en agua, se almacenan de forma limitada y el exceso se elimina por la orina. Las liposolubles (A, D, E y K) se disuelven en grasa, se almacenan en el hígado y los tejidos grasos y necesitan grasa dietética para absorberse bien.

¿Por qué las vitaminas liposolubles se toman con alimentos que contienen grasa?

Porque su absorción intestinal depende de la presencia de grasa dietética. Tomarlas junto a una comida con algo de grasa favorece que el cuerpo las aproveche mejor.

¿Se pueden tomar todas las vitaminas juntas?

En general, muchas vitaminas pueden combinarse, por ejemplo en un multivitamínico. Conviene revisar las cantidades totales para no duplicar aportes y consultar con un profesional si se toman medicamentos.

¿Qué vitaminas puede tomar una persona con cirrosis o tras un ictus?

No existe una respuesta general válida: las necesidades dependen del diagnóstico, del tratamiento y del estado nutricional de cada persona. Algunos suplementos pueden interactuar con medicamentos o no ser adecuados en estas situaciones, por lo que la pauta debe establecerla siempre un profesional sanitario.

¿Qué vitamina es buena para el melasma?

El melasma es una afección de la piel que debe valorar un profesional de la salud o dermatólogo. Los suplementos no tratan enfermedades, por lo que no corresponde afirmar que una vitamina concreta trate el melasma.

¿Cómo sé si tengo una deficiencia de vitaminas?

Los síntomas de una posible deficiencia suelen ser inespecíficos y pueden deberse a muchas causas distintas. Ante sospechas persistentes, lo adecuado es consultar a un profesional sanitario, que puede valorar la dieta y, si lo considera necesario, solicitar análisis.

¿Es peligroso tomar demasiadas vitaminas?

Tomar cantidades muy superiores a las necesidades, sobre todo de vitaminas liposolubles, puede aumentar el riesgo de efectos adversos por acumulación. Respetar las dosis del etiquetado y las pautas de referencia oficiales ayuda a reducir ese riesgo.